








Cada 15 de febrero, desde hace 400 años, la ciudad japonesa de Yokote se ilumina desde dentro. Durante el festival Kamakura, los vecinos construyen dos tipos de igloos. En los más grandes (de uno a dos metros cuadrados), la gente se reúne a beber amazake (sake dulce) y comer mochi (pasteles de arroz). Los niños invitan a los turistas a las casetas heladas, se charla y se reza al dios del agua para que las cosechas sean abundantes. Además de alrededor de 100 de estas casetas, se construyen innumerables minikamakuras en los que solo cabe una vela.
El resultado es un paisaje mágico y tintineante que tiene su origen en la quema de decoraciones de Año Nuevo como ofrenda para los dioses.
Como el evento sólo dura un día, junto al Ayuntamiento de Yokote se ha creado un mueso donde varios kamakuras permanecen congelados todo el año.
Más información en: www.jnto.go.jp (Turismo de Japón)
